Una de las cintas de terror más esperadas de 2026 reinventa el mito de la momia, apostando por el miedo sobrenatural y la atmósfera antes que por el gran espectáculo de acción. Con el apoyo de productoras clave del género como Blumhouse y Atomic Monster, el director irlandés Lee Cronin busca devolver a la criatura su lado más inquietante y perturbador dentro del cine de terror contemporáneo. Su propuesta se aleja del enfoque puramente aventurero y se acerca más al horror íntimo, emocional y físico que ya había explorado en trabajos anteriores.
De estreno en abril
La película, titulada internacionalmente Lee Cronin’s The Mummy, tiene previsto su estreno en cines el próximo 17 de abril, con distribución a cargo de Warner Bros. Pictures en Estados Unidos. El propio Cronin firma tanto el guion como la dirección, consolidando así su salto al territorio de los grandes monstruos tras el éxito de Posesión infernal: El despertar (2023), donde ya demostraba un gusto particular por el horror visceral y el deterioro familiar. En la producción confluyen dos nombres fundamentales del terror moderno, Jason Blum y James Wan, que suman fuerzas a través de sus compañías, junto a la productora del director, Doppelgängers, lo que sitúa este título en el centro del mapa del fantástico para este año.
El reparto está encabezado por Jack Reynor y la española Laia Costa, acompañados por May Calamawy, Verónica Falcón y la joven Natalie Grace, en un elenco que combina intérpretes vinculados al género con actores de fuerte presencia dramática. Cronin ha subrayado la importancia de contar con intérpretes de origen egipcio y de dar espacio a la lengua árabe en pantalla, buscando una mayor autenticidad cultural y un respeto más profundo por el contexto histórico y espiritual del mito de la momia. El primer teaser, lanzado a comienzos de 2026, ha dejado entrever un tono oscuro, opresivo y orientado claramente al terror adulto.
Trama familiar y de posesión
En lugar de repetir el esquema del aventurero enfrentado a una momia todopoderosa, Cronin sitúa la historia en el entorno íntimo de una familia marcada por la desaparición de una niña en el desierto. Ocho años después, la hija regresa sin explicación, y lo que en un primer momento se vive como un milagro comienza a desvelarse como una pesadilla que amenaza con destruirlos desde dentro. El padre descubre que Katie está poseída por el espíritu de una antigua momia egipcia y que esa presencia empieza a extenderse a su otro hijo, lo que le obliga a contemplar la posibilidad de realizar un ritual mortal para salvarlos, aun a costa de convertirse él mismo en un monstruo. La película se mueve así entre el terror de posesiones y el horror psicológico, con temas como la culpa, el duelo no resuelto y el sacrificio extremo que un padre está dispuesto a asumir por sus hijos.
Horror íntimo y herético
Cronin ha comentado que le interesa explorar los aspectos más oscuros y menos documentados de la momificación, alejándose de la versión “oficial” para imaginar usos siniestros y casi heréticos de esas ceremonias. La momia deja de ser el típico cuerpo vendado que se levanta de su tumba para convertirse en una fuerza invasiva que contamina el hogar, los cuerpos y las emociones de los personajes, algo que conecta con la sensibilidad del director por el body horror y la desintegración de los vínculos afectivos. En ese sentido, la película se inscribe en la larga tradición cinematográfica de La momia, inaugurada en 1932 con la cinta protagonizada por Boris Karloff, en la que el sacerdote Imhotep regresaba a la vida para reencontrarse con su amor perdido, y continuada por las versiones británicas de Hammer y, más tarde, por las aventuras espectaculares encabezadas por Brendan Fraser y Rachel Weisz.
Sin embargo, Cronin se aleja conscientemente de estas iteraciones dominadas por el espectáculo y promete “algo muy antiguo y espeluznante”, centrado en recuperar la dimensión genuinamente terrorífica de la momia como figura maldita.











