‘LA HISTORIA INTERMINABLE’, más de tres décadas alimentando la fantasía

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Colin Arthur visita el Festival Isla Calavera en La Palma. | Foto: Daniel Fumero
Colin Arthur visita el Festival Isla Calavera en La Palma. | Foto: Daniel Fumero

“Cuando empezamos a trabajar en la película, no pensábamos que tendría repercusión tantos años más tarde, pero después de 18-20 meses de trabajo nos dimos cuenta de que estábamos haciendo algo importante”, recuerda nostálgico el culpable de dar corporeidad a las criaturas y personajes fantásticos de la novela del escritor alemán Michael Ende publicada por primera vez en 1979, La Historia interminable. Colin Arthur, uno de los nombres fundamentales de los efectos especiales y maquillaje en la historia del cine, visitaba recientemente la isla de La Palma con motivo de la celebración de una edición especial del Festival de Cine Fantástico de Canarias – Isla Calavera. Dentro del programa, el 22 de septiembre tuvo lugar la proyección de la mítica película dirigida por Wolfgang Petersen en el año 1984, la cual congregó familias enteras en el patio de butacas del Teatro Cine Chico de la capital palmera.

Tras el visionado, que disfrutaron mayores, jóvenes y niños, tuvo lugar una fascinante charla abierta al público con el artista y su compañera de vida y trabajo Sarah Pooley. “Había visto películas en las que hablan animales, pero es algo que nunca suele funcionar, aún así me di cuenta de que todo el mundo piensa que sus mascotas hablan, sobre todo los niños, y esta idea me sirvió de inspiración”, apuntó el creador de personajes como Fújur, el dragón blanco de la suerte, tan ligero que no requiere alas para volar; el gigante Comepiedras, la vieja tortuga Morla o Gmork, un sobrecogedor lobo al servicio de la Nada.

“Al empezar no había director, tan solo la novela de Michael Ende como punto de partida, y los productores me dieron carta blanca. A los seis meses llegó Petersen y cambió parte del guion, pero por suerte al productor le había gustado mi trabajo”, explicó. Los F/X de La Historia interminable, absolutamente llamativos a mediados de los 80, cuando los efectos digitales empezaban a despuntar, combinaba elementos robotizados con mucho talento e imaginación. “Todo en la película es físico. Absolutamente nada es digital”, aseveró.

Sarah Pooley comentó que para dar vida al tierno Fújur, de 13 metros de longitud y compuesto por unas 6.000 piezas de plástico recubiertas de escamas y plumas, “había más de 20 personas solo tirando de los cables”, cada una con un cometido, controlar la nariz, los ojos, las cejas, el labio superior, el labio inferior, etc. En este sentido, el escritor de literatura fantástica tinerfeño Víctor Conde, también presente en el coloquio, apuntó que no en vano el largometraje “costó 27 millones de dólares, un dineral para la época”. Esto en gran medida se debió, según Arthur, a la incorporación a la producción de una “empresa de juguetes que puso mucho dinero a cambio de los derechos de la venta de las figuras”.

Acerca de la novela, Conde expuso que el texto de Ende “tiene dos lecturas, la infantil y otra subyacente”, y en el caso de la adaptación cinematográfica, “abarca la primera mitad del libro, la más luminosa; luego la novela hace un giro hacia lo oscuro que nunca se ha llevado al cine”, pese a haberse realizado dos secuelas.

Colin Arthur mencionó a algunos de sus maestros, agradecido por lo mucho que le ayudaron: el legendario Ray Harryhausen, con quien trabajó en películas como El viaje fantástico de Simbad (1973), Simbad y el ojo del tigre (1977) o Furia de titanes (1981), el escultor Michael Rizello o “el creativo” Stuart Freeborn, uno de los genios que iniciaron la técnica del maquillaje con protésicos, junto a quien desarrolló los simios de ‘2001: Una odisea del espacio (1968).

Sobre Colin, quien cuenta con un Premio Goya por su trabajo en La Grieta de Juan Piquer Simón y recogió el año pasado en Tenerife el Premio Isla Calavera de Honor en reconocimiento a toda su trayectoria, Sarah Pooley aseguró que su legado se debe a que “siempre le ha gustado hacer cosas que nadie puede conseguir; siempre está luchando por lograr algo nuevo y disfruta con los retos dentro de su profesión”.

Desde Inglaterra hasta La Palma, Arthur y Pooley trasladaron con sumo cuidado piezas emblemáticas que forman parte del trabajo del artista y que pudieron disfrutar los asistentes en el marco de una exposición efímera, tan solo a disposición del público el día de la proyección, con numerosos elementos originales y algunas réplicas de La Historia interminable y de otros títulos de su filmografía.

Colin Arthur visita el Festival Isla Calavera en La Palma. | Foto: Daniel Fumero
Colin Arthur visita el Festival Isla Calavera en La Palma. | Foto: Daniel Fumero