Crítica: TRANSFORMERS, EL LADO OSCURO DE LA LUNA

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Amasijo argumental es lo primero que viene a mi mente al intentar dar forma a esta crítica. Larga, aburrida a ratos, incomprensible en su mayor parte y con unos efectos visuales de quitarse el sombrero. ¿Hacen estos atributos una película? Mi humilde opinión es que ni de lejos.

El acierto de los productores de la saga fue contar con un buen par de guionistas para la primera entrega y para poder disfrazar un producto de consumo masivo como un film de adolescentes con robots peleones. La segunda parte, tras la excusa de la huelga de guionistas, nos deleito con un pastiche de escenas de acción y momentos de vergüenza ajena que a pesar de todo fue la segunda película más vista de las estrenadas en 2009. Las cifras cantan: ¿Para que esforzarnos en mejorar el producto? ¿Con que motivo escribir un guión que merezca la pena?

La primera mitad del film, que no es decir poco en una película de más de dos horas y media, es un batiburrillo de escenas incoherentes e innecesarias, en su mayor parte protagonizadas por personajes humanos, que hace caer a la audiencia en un estupor solo aligerado por el aire acondicionado de la sala. A partir de ahí, la batalla entre Autobots y Decepticons se desata y cualquier intento de que la trama avance es mera coincidencia, ya que lo único que veremos en pantalla serán mamporros por todas partes. Y eso, lejos de buscarle algo más profundo a este producto, es francamente divertido.

Sería muy fácil buscar en Michael Bay la culpa de este despropósito, cuando el no es más que un mandado, que sabe muy bien donde poner la cámara y como recibir un dineral por ello. Aquí la culpa yo la reparto entre el guionista mercenario Ehren Kruger, que de puro vago no se digna a justificar el cambio de actriz y la larga lista de productores que se amontonan en los créditos del film, liderados por un Lorenzo Di Bonaventura que no ha visto un éxito en su carrera hasta que la franquicia robótica cayó en sus manos. Títulos como Doom o Constantine abalan su ineptitud.

Si de algo podemos culpar al director, es de la falta de originalidad de su propuesta visual, una vez más robada de su propia filmografía, pero en esta ocasión también plagada de referentes de lo que posiblemente sean los títulos atrasados en su lista de Netflix durante la preproducción: Matrix Revolutions, Spiderman 3 o incluso Dragon Wars/strong> son fácilmente identificables en pantalla, mientras una banda sonora increíblemente parecida a la de Origen, nos taladra los tímpanos cuando se puede abrir paso entre chirrido y zambombazo.

Aquí los auténticos protagonistas son los artistas de Digital Domain, que habrán sufrido lo suyo durante una postproducción pensada para dejarnos con la boca abierta, al mismo tiempo que para arreglar los patinazos e incongruencias cometidas durante el rodaje. Estos increíbles creadores de ilusión no solo se merecen todos mis respetos y halagos si no que se convierten sin dudarlo en los héroes del día, salvando a un producto vació y plano en un festival visual de primera magnitud.

2 COMENTARIOS

  1. Suscribo las palabras de esta crítica. Sólo apuntar que sí se hace una insuficiente mención al personaje de Megan Fox cuando está claro que el guión se escribió (es un decir) pensando en su personaje.

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