Crítica: “EL EXTRANJERO”. Daños colaterales

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Martin Campbell entra dentro de esa definición de cineasta artesano. El suyo no es un cine de discurso, sino de género, donde el director sabe moverse, por lo general, con solvencia. Formado en televisión, es capaz de crear entretenimientos lúdicos bastante competentes como La Máscara del Zorro o Goldeneye y alguno sobresaliente como Casino Royale (aunque también puede tener deslices graves como La Leyenda del Zorro o Green Lantern).

En El Extranjero toma como punto de partida la novela de Stephen Leather El Chino, que ofrece un argumento con graves problemas de verosimilitud. Tanto la trama de terrorismo, con una nueva célula del IRA despertando el caos en Londres, como la historia de venganza de un inmigrante chino anciano cuya hija muere en el atentado desafían la suspensión de incredulidad del espectador. Se trata además de dos líneas argumentales entrelazadas, pero que perfectamente podían haber dado cada una para una película independiente, ya que la influencia de una sobre la otra acaba resultando un tanto forzada. Sin embargo, una vez hemos superado este obstáculo, nos encontramos con un thriller de una factura elegante y compacta, magníficamente fotografiado por David Tattersall, y con un duelo de actores que pueden no estar ya en su mejor momento, pero que saben aportar presencia y carisma a sus personajes.

Más allá de las coreografías de acción, Jackie Chan se arriesga aquí con un perfil más dramático de lo que nos tiene acostumbrados, mientras que Pierce Brosnan se divierte con un personaje ambiguo y embaucador donde además no tiene que disimular su acento irlandés materno. Campbell evita la acción hiperbólica que ha contagiado a las superproducciones de acción moderno y prefiere asentarse un terreno más comedido, pero eficaz y contundente, consiguiendo así un producto entretenido y bien armado.