REPORTAJE: ¡Gañanes! el juego de Rol

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Con la colaboración de:

El Arbol blanco

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Formato: Juguete de rol épico-rural
en tapa blanda de 109 páginas.
Autores: J & F Garzón
Editorial: Ludotecnia
Precio: 3,50 euros
Uno de los problemas tradicionales con los que se encuentran aquellas personas que quieren acercarse al mundillo de los juegos de rol es el hecho de que, a veces, los títulos más populares cuenten con varias ediciones a sus espaldas y presenten un nivel de desarrollo que implica no pocas veces un cierto grado de dificultad para los novatos. Aparte, puede darse la paradójica circunstancia de que, siendo el rol una forma de entretenimiento donde lo único que se precisa es la imaginación, la mercadotecnia que rodea a los juegos más famosos supone la existencia de una serie de “periféricos” que implica una inversión económica que pueda echar un poco para atrás. Por eso, iniciativas como las de Ludotecnia, que plantean juegos sencillos con un desembolso irrisorio, son utilísimas para la promoción de una forma de entretenimiento sobre la que, afortunadamente, van levantándose los prejuicios de antaño.

La primera entrega de esta serie económica de juegos es ¡Gañanes! que desde su primera página se define como un “juguete de rol épico-rural” y deja patente su condición de sistema paródico (que no parodia de sistema). Conscientes de la épica inherente a buena parte de los títulos del mercado, los creadores del sistema han optado por ambientar el mismo en un escenario un tanto alejado de aquélla: los pueblos de la España rural más profunda. Tomando como ejemplo la sucesión de tópicos derivados de las películas de Paco Martínez Soria o del Gañán / Marcial creado por los humoristas de Muchachada Nui, pasando por las tremebundas obras de Miguel Delibes, ¡Gañanes! presenta un paisaje presidido por el arquetípico pueblo de cualquier páramos más o menos alejado de la España insular o peninsular, con sus parroquianos, su campanario, su bar (signo inequívoco de población) y sus fiestas patronales. Los PJ no llevarán sables láser ni arcos élficos, sino boinas, gayatas y navajas de las que dicen “viva mi dueño” y hacen siete veces “clac”.

El sistema de juego es sencillo, tanto para quien asuma el papel de jugador como para quien dirija la partida (que recibe jocosamente el título de “pregonero”). Una distribución de categorías y sub-categorías para las características de cada personaje, un dado de diez caras y un limitado elenco de profesiones (limitado al ámbito rural) que incluye a la santísima trinidad del poder campestre de antaño, compuesto por el alcalde, el cura y un tercero a repartir entre la pareja de la Guardia Civil, el médico o el maestro. La ambientación básica añade los consabidos piques con el pueblo vecino, los viajes a núcleos de población con más salidas y sus locales de entretenimiento eufemísticamente definidos como “lugares de copas”. Una verbena, una vendimia o un partido de solteros contra casados pueden ser el detonante de una aventura con indiscutible olor a campo.

El sistema se sitúa en la línea de títulos como Fanhunter o El rol de los Panchitos, a la hora de presentar un juego en el que el humor es el elemento preponderante. La mera lectura del libro asegura una tarde entre risas, con lo que la diversión estará asegurada a la hora de preparar y ejecutar una campaña en los andurriales más campestres de la geografía celtibérica. Especialmente recomendado para personas que quieran iniciarse en el proceloso mundo de los juegos de rol aunque, parafraseando a los autores, sea pareciéndose más a Sancho Panza que a Luke Skywalker.