37 Relatos para leer cuando estés muerto

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37 Relatos para leer cuando estés muerto

Mensajepor Igor » Sab Mar 03, 2012 17:23

Acabo de sacar un nuevo libro. Este de historias cortas. 37 relatos para leer cuando estés muerto. ¿Qué encontraréis? Mujeres, astronautas, dragones, hombres desorientados, cazadores de otros tiempos y mil cosas más.
¿Géneros y temas? El amor, la fantasía, la vida, el humor, el terror y la ciencia-ficción. 37 relatos muy distintos. Y además de los 37, las historias cortas de Vamurta de postre.

El libro está disponible en Amazon como ebook. El precio es de 0,86 euros, un micropago, así es el futuro. Enlaces:


http://www.amazon.es/gp/product/B007BSPHRA/ref=s9_simh_gw_p351_d0_g351_i1?pf_rd_m=A1AT7YVPFBWXBL&pf_rd_s=center-2&pf_rd_r=1TRMMYKCKQDB458VK3BJ&pf_rd_t=101&pf_rd_p=244298787&pf_rd_i=602357031

http://www.amazon.com/relatos-cuando-Spanish-Edition-ebook/dp/B007BSPHRA/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1330787678&sr=1-1

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"Yo mismo de mi mal ministro siendo". Fco. de Aldana.

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Re: 37 Relatos para leer cuando estés muerto

Mensajepor Igor » Lun Mar 19, 2012 19:05

Me estoy dando cuenta, mirando el índice del libro de relatos que acabo de sacar en Amazon, que muchos de ellos son contemporáneos, que muchos hablan de hombres y mujeres un tanto desorientados.
Dejo el índice, el libro está disponible en Amazon España (0,86 €) y Amazon.com (1,20 $).
Tras el índice, dejo el primer relato de la serie, de los más cortos del libro.

37 Relatos para leer en el váter, tomando café o viajando en un tren fantasma. Incluso para leer una vez muerto.
134 páginas word para pasar un buen rato.


1. Trenes veloces
2. El Secreto
3. Siesta
4. El estanco
5. Sard
6. Pliegues de mujer
7. La entrevista
8. La fiesta
9. Buenas amigas
10. Guerra Civil
11. Con prisas y a lo loco
12. Sí me acuerdo
13. La luna y la pelota
14. Un largo fin de semana
15. La lanza
16. Nobleza
17. E la nave va
18. Infieles
19. Cena de nochebuena
20. Dolor de cabeza
21. En el Lidl
22. La tele
23. La bicicleta
24. Piénsalo
25. Más se perdió en la guerra
26. Ikea
27. Patio de Luces
28. El dragón y las princesas tristes
29. La mujer pantera
30. Las cucarachas
31. Fondo de piscina
32. Ruido de fondo
33. Ser hombre
34. Vida Matrimonial
35. Prosa Mojada
36. El bucle de Sofía
37. La última cena.


II. Del extraño y fascinante mundo de Antigua Vamurta
1. El canto de Ulam
2. Taonos
3. Los Pueblos del Mar
4. La noche de Ermesenda
5. La mujer de nieve


1
Trenes veloces

En el pueblo volví a oír tu nombre. Tras tanto. Que habías vuelto de la capital. Tú que eras el listo y el guapo del pueblo. Que no se te reconocía, que volviste como una encina calcinada. No sé si recordarás las tardes de verano en la laguna, cuando salíamos del agua y nos tumbábamos sobre la arena ardiente a esperar la noche como si nada existiera. Me contaron de ti y te soñé. Porque no pude imaginarte. No, tras verte partir hacia Madrid como uno de esos trenes que cruzan veloces la llanura. Uno de esos trenes que olvidan la astilla del campanario del pueblo entre la infinitud de los campos amarillos.
Y por eso, al verte pasar esta mañana, con una sonrisa brillante, pregunté sobre ti. Me han dicho que vives en la cabaña del lago, que cazas pajarillos, que tu huerto es un vergel y que has aprendido a hablar con las abejas. ¿Vuelves a ser aquel que fuiste? Qué vistes, qué no supiste hacer. Lo que te pasó. Te veo, otra vez, bajo la cúpula de estrellas, dejando pasar las noches. Quizá debería acercarme al lago para darme un baño, otra vez.
"Yo mismo de mi mal ministro siendo". Fco. de Aldana.

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Re: 37 Relatos para leer cuando estés muerto

Mensajepor Igor » Mié Mar 28, 2012 12:23

Segundo avance del libro. Este es un relato corto que mezcla ciencia-ficción, un humor negrísimo y unas gotitas de terror aderezadas con fantasía. Su título es «SIESTA». Espero que os guste y lo disfrutéis.


3
Siesta

Dejé el periódico sobre la mesilla, me moría de sueño. El sol de primera hora de la tarde me cegaba, así que me moví hasta la única sombra del jardín. Apuré el café y aplasté el cigarrillo en el cenicero. Una buena siesta sería mi salvación.
Me metí en casa para tumbarme en la cama de matrimonio y cerré la puerta. Se oía algún pájaro. La luz era una bendición que, lejos de calentar en exceso, me amodorraba sobre las almohadas. Cerré los ojos.

Me he despertado muy mal. Estoy temblando. Siento como si me hubieran cubierto con un manto de hielo. Es de noche, noche profunda. ¡Mierda! Pero, ¿cuántas horas he dormido? Es esta asquerosa vida, siempre con prisas. Y luego llega el sábado y estás reventado. He dormido una eternidad. Le doy al interruptor. Encima, no funciona. Esto me pasa por vivir apartado en una casita de una urbanización. En la ciudad, casi nunca se va la corriente. Tengo frío. Abro la puerta, el comedor parece un gran congelador. ¡Estoy harto! Me bajo a la ciudad. Dejo las maletas, lo dejo todo, y ya pasaré el próximo fin de semana a recogerlo. Quiero estar en mi cama, en mi piso, caliente, comerme una pizza y ver la tele, ¡cualquier cosa! Este despertar… No, no debería haber dormido tanto, me ha dejado mal cuerpo, como una sensación asquerosa. Salgo al jardín, cierro la puerta. Bajo, casi a tientas, hasta la calle. ¡Aggg! Mi cabreo ahora es monumental. El coche no está. Me lo han robado, ¡hijos de puta! ¿Y ahora qué? La impotencia me domina y me enreda, doy una patada a un pedrusco. ¿Y ahora qué? ¿Cómo vuelvo a mi piso? ¿Cómo bajo? Todo mi plan al traste.
Alzo la cabeza, esta noche la oscuridad es total. Una monstruosidad de nubes domina el cielo y apenas se ve nada. En la urbanización también se ha ido la luz, no veo ni una maldita ventana iluminada. ¡Baaahhh! El manto cerrado de la noche parece resquebrajarse, sobresale, entre los nubarrones, una pata de la luna y tras ella, medio cuerpo. ¡Dios! ¡Los árboles! ¡La montaña de enfrente! Ha desaparecido, es como si alguien la hubiera partido. Veo, pero no quiero ver. Las casas de mis vecinos..., están derrumbadas. En un momento de lucidez, me vuelvo y miro el chalet. Solo queda la planta baja, toda la segunda planta ha quedado despedazada, algo la ha arrancado de cuajo, algo la ha triturado. Madre…
Pruebo de respirar hondo, de tranquilizarme. Caigo en la cuenta de que no hay ningún coche en la calle, que el asfalto ha quedado pulverizado, fragmentado en pequeños cráteres. Sufro un intenso vértigo, todo se desploma. Me siento en el suelo, en medio de una enorme urbanización vacía. Me cubro la cara con las palmas de las manos. ¿Qué ha pasado? ¿Cuánto tiempo he dormido?
Intento recapacitar. Mis padres murieron, estudié medicina, tuve un amigo llamado José a quien le gustaba montar enormes mecanos y con el que a veces iba a cenar. Dos niños y una niña, bueno, antes me casé y luego me divorcié. Trabajo, trabajo todo el día. Nada. Nada concuerda. Levanto la cabeza porque se oye un enorme zumbido en el aire, entre los cascotes negros del cielo aparece una enorme luz azul que desparrama energía, oscila, se detiene un instante y sale disparada a una velocidad sónica, hasta apagarse en el infinito. Miró a derecha e izquierda. Ahora me doy cuenta. Todo cuanto me rodea está helado y tengo un hambre atroz.

Pienso en mis hijos, en la que fue mi esposa. ¿Qué habrá sido de ellos? Allí, al fondo del valle, por donde se veían las luces anaranjadas de la autopista, todo es oscuridad. Esto, esto que ha pasado... Bajo al pueblo, a ver. Puede que allí esté todo bien, que estén todos. Un instinto nuevo me impulsa a correr, a correr cuesta abajo sobre el asfalto duro, roto y frío. Las piernas son dos inmensos muelles de acero, como si no formaran parte de mí. Descubro que soy muy veloz. Debe ser el hambre. Al llegar a la recta me percato de que el pueblo es una masa fantasmagórica, lo único que sigue igual son los plataneros de tronco ancho que flanquean la entrada. Sigo corriendo, el cansancio es algo que no existe. ¡Joder! ¡Tengo el corazón de un caballo!
Las primeras casas han sufrido los efectos de un cataclismo o lo que sea. No se ve a nadie, no se oye nada, no hay luz. Avanzo por la calle mayor. El estanco es un montón de escombros, al igual que la casa de los Gutiérrez, al igual que el videoclub, del que solo queda el rótulo naranja, desprendido de la fachada. Nada, no queda nada. Debería llorar, pero el calor abrasador que siento en las entrañas, el dolor en brazos y manos, me lo impide. Debo encontrar algo para comer. Troto hasta la plaza mayor. El campanario se ha partido y ha caído sobre el ayuntamiento. De las paredes encaladas de la iglesia queda un muro, detrás del altar. Poco importa, aquí al lado está la carnicería. Me dirijo hacia allí. La tienda ha sufrido menos desperfectos, siguen sus cuatro paredes en pie y parte de la techumbre. ¡Carne! Justo cuando me planto frente al escaparate, creo ver una figura reflejada en los vidrios rotos. Es una visión fugaz. Ahora esto, cuando tengo la comida cerca. Me he sentido amenazado, esos ojos brillantes en el cristal… Con prudencia, entro. Está todo patas arriba, un caos de latas y cajas de galletas, de botellas petrificadas, estanterías polvorientas y barras de pan heladas tiradas por el suelo. Mi olfato se inquieta, percibo algo que me provoca tembleques. Muevo sin darme cuenta la cabeza de lado a lado. Este olor. Es maravilloso.
Me lanzo al suelo y repto hasta esconderme detrás del mostrador vacío. Sobre la plaza del pueblo flota algo, una luz violeta muy intensa ilumina cada una de las fachadas derruidas. ¿Por qué me escondo? Eso que flota podría ser ayuda. Se oye un zumbido extraño, como un bombeo de aire o de algún tipo de líquido. Es esa máquina voladora. ¡No! No me van a cazar, mejor sigo invisible, aquí, cerca de este hedor que surge de alguna parte. El resplandor desaparece en un instante. Quiero ponerme de pie, pero me siento cómodo a cuatro patas, también. Reviento con los dientes una lata de judías, fabada no sé qué. No puedo, siento una náusea repentina. Frenético, destrozo bolsas de macarrones, lanzo contra la pared packs de yogures podridos, hasta que debajo de un montón de bolsas y cartones encuentro un gran pedazo de cordero. Abro mis fauces y desgarro la carne medio congelada. Era eso, ese olor. Me siento mucho mejor, hasta olvido qué era lo que me preocupaba, por qué sufría.
Se abre la puerta de la tienda. Aparece una figura extraña, una mujer de ojos fluorescentes, de piel lívida. Entra desnuda, dando un manotazo a la puerta, medio erguida sobre sus patas cubiertas de un vello tieso y blanco. Me levanto, agarro un gran cuchillo de carnicero, pesado y de hoja ancha. Quiero preguntarle algo, de dónde sale, pero de mi garganta surge un alarido atroz que me asusta. Me mira, y mira los restos del cordero. Se arrima, me husmea. Pienso en tajarla con el gran cuchillo, pero la sorpresa quizá, me lo impide.
Se acerca a mi cuello y me da un lametazo. Su lengua es áspera y caliente. Tras esto, agarra los restos de carne y se tumba a mis pies a comer. Mandan las entrañas, hay algo nuevo. Me estiro a su lado, rasco esa espalda curvada, transparente. Noto la dureza de su cuerpo tibio bajo mi peso y le doy un lametón, como muestra de buena voluntad. Ella me mira y ronronea, satisfecha. Marco los colmillos sobre su cuello, mientras come. Siento un gran placer al mordisquearla. En el exterior, ha vuelto el silencio. Pienso que todo el pueblo y el valle es nuestro, ¡el mundo entero!, para correr y cazar a placer durante una eternidad.
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Re: 37 Relatos para leer cuando estés muerto

Mensajepor Igor » Sab Jun 30, 2012 18:02

Realmente los libros tienen una corta vida, excepto unos pocos afortunados.
Lanzo en el blog el penúltimo avance de 37 Relatos para leer antes de que estés muerto, título escasamente comercial donde los haya, aunque me sigue pareciendo gracioso.

Se trata del relato “La última cena”, la historia de los astronautas Lian-U y Mijáil.

Dejo aquí el enlace al relato: http://epicavamurta.blogspot.com.es/2012/06/relatos-de-ciencia-ficcion-y-fantasia.html

Durante los 3 primeros meses en Amazon, los 37 Relatos se vendieron hasta mejor de lo que esperaba. Pero cuando se deja de ser novedad se entra en fase de letargo. En verano publicaré el último relato que servirá como testeo para que quien compre el libro tenga una idea de lo que se va a encontrar.
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Re: 37 Relatos para leer cuando estés muerto

Mensajepor Igor » Mar Oct 02, 2012 20:42

Imagen

Ya se puede disfrutar de 37 Relatos para leer antes de que estés muerto en todos los formatos para lectores ebook.


Además de tener el libro en formato Kindle (Amazon.es y resto de Amazons, el enlace es este:
[img]
http://www.amazon.es/gp/product/B007BSP ... VPFBWXBL&p f_rd_s=center-3&pf_rd_r=1KKQKVQ4MRG7VJYFQAED&pf_rd_t=101&pf_rd_p =312237387&pf_r[/img]), a 0.89 €, ahora está disponible en todos los formatos posibles, incluyendo RTF para procesadores de texto como el Word, en la siguiente página de Smashwords, a 0.99 céntimos.
[url]
http://www.smashwords.com/books/view/167513[/url]


Y para animar a los que no conozcáis este libro de relatos cortos y algunos largos que ocupan más de 40.000 palabras, dejo un pequeño fragmento del cuento de El Dragón y las princesas tristes


28
El dragón y las princesas tristes


//Rugía la noche en los cielos. Una inmensa bolsa de velos y mantos de nieblas que el dragón cortaba sin cesar, elevándose y descendiendo. Si subía a mucha altura, se encabritaba sobre la nada y las alas dejaban de batir el aire frío. Durante unos instantes su enorme peso se desplomaba hacia la tierra, sumiéndose en una vorágine vertical de silbidos y nubes perforadas hasta que decidía reemprender el poderoso aletear. Dormir. Una siesta de cientos, miles de estaciones que se habían sucedido como nacen y mueren las hojas de un árbol. En su anterior amanecer no existían los ruidosos pájaros de metal que había visto a lo lejos, cruzando la negrura en un vuelo recto hacia algún lugar. Una molestia. Antes, los hombres vivían en pequeñas aldeas blancas amuralladas, casi siempre cerca del mar o de un río. Aldeas salpicadas de grandes estatuas broncíneas que destellaban llegado el atardecer. Los hombres eran hombres y creían en dragones y a ellos se enfrentaban. En su nuevo despertar, abandonando por hastío el tesoro que custodiaba, nadie parecía saberlo ver.

En la profundidad de sus fosas de fuego algo se inquieta. La aguda nariz del dragón rastrea, excitada por el hambre. Una digestión de más de dos mil años. Aislada, vislumbra una construcción humana, que sobrevuela. Le molesta el sordo ruido que emana de la villa; un sinfín de voces sobreexcitadas, risas groseras y una música, un ritmo que no es capaz de encontrar. Es un gran habitáculo de humanos rodeado por una tapia alta, que lo cierra, con algún nogal que sobrepasa el musgo del muro y grandes carros de hierro reluciente dejados en la entrada. En el centro del patio de gravilla hay un estanque y alrededor del lago dos niñas se persiguen. Ríen en la soledad del exterior mientras dentro, en la casa, la fiesta se agudiza.
El dragón se aproxima. «Dos princesas», piensa.//
(y sigue..., claro está)
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Re: 37 Relatos para leer cuando estés muerto

Mensajepor Igor » Vie Dic 21, 2012 16:34

"Yo mismo de mi mal ministro siendo". Fco. de Aldana.


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