| A lo largo del siglo
XIX, se van produciendo cuentos fantásticos en
abundancia y entre sus autores destacan: Tourguenev,
Gogol, Teophile Gautier, Barbey D'Aurevilly
y Mérimée. De hecho, durante la
mayor parte de este siglo, lo fantástico está
de moda y podríamos afirmar que esta moda aún
no ha cesado.
Pero en este siglo destaca una figura principalmente,
Edgar Allan Poe, cuya huella se hará notar
en los escritores posteriores del género y cuyas
obras han sido incluso adaptadas al cine. Sin embargo,
no hay que considerar a Poe un escritor exclusivamente
fantástico porque también ha escrito relatos
cortos de otros géneros, como la ciencia-ficción
(La aventura de un tal Hans
Pfall). Así, podemos decir que cuentos
de Poe como La caída
de la casa de Usher, La
carta robada o El gato
negro no son propiamente fantásticos,
mientras que Los recuerdos del
Sr. Beldoe, por ejemplo, es fantástico
en la medida que existe un elemento sobrenatural, un
entorno cotidiano y una ruptura narrativa causada por
el elemento sobrenatural.
Resulta fundamental establecer una distinción
entre el horror y lo fantástico, teniendo en
cuenta que en la mayoría de los cuentos de Poe
se presentan hechos desagradables que tienen como base
el tema de la historia. Uno de los tópicos más
recurrentes de sus cuentos es el entierro de personas
todavía vivas, punto de partida de obras como:
El barril de Amontillado,
El entierro prematuro
o La caída de la casa
de Usher; seguido del tema de la tortura (El
pozo y el péndulo).
Pero, aunque estas narraciones parezcan insólitas,
no presentan ningún elemento sobrenatural, presente
en otros cuentos como Manuscrito
hallado en una botella, Morella
y Ligeia. Estos últimos
se centran en una temática similar, la de la
reencarnación, y utilizan una atmósfera
creíble para presentar unos hechos contrarios
a las leyes físicas naturales. |