ESPOO CINE 2011 Fantástico

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Si en mi anterior columna me detuve en analizar algunos de los principales estrenos que se pudieron ver en el Festival de Cine de Espoo, en ésta me detendré en analizar las películas que formaron parte de la competición que premia las mejores películas de cine de género; es decir, los Méliès de plata y de oro.

Como miembro de la federación de festivales europeos de cine fantástico, el jurado designado por Espoo Ciné 2011 decidió otorgar el Meliès de plata a la película española Secuestrados, del director Miguel Ángel Vivas. Secuestrados es una desasosegante y opresiva pesadilla a la que se ve sometida una familia de clase alta, cuando unos encapuchados asaltan su casa. Rodada en un espacio reducido, con pocos personajes, pero sin perder por ello el ritmo narrativo, la película de Vivas es toda una reflexión sobre la inseguridad en la que vive el ser humano ante las múltiples amenazas del mundo exterior. Lo paradójico del caso es que ha tenido que ser un jurado finlandés el que considere todas estas virtudes en la película de Miguel Ángel Vivas, algo que no sucedió cuando la película pasó por las taquillas españolas con más pena que gloria.

Quien no repitió galardón en la categoría de Meliès de plata al mejor corto fue Chema García Ibarra, que tras El ataque de los robots de la Nebulosa 5 nos presentó otra sensacional fábula de ciencia ficción titulada Protopartículas. Al igual que ya ocurriera con su anterior corto, García Ibarra recurre al monólogo interior del personaje para contarnos una historia entrañable, hermosa y, a ratos disparatada, algo que este director logra ensamblar de una manera magistral.

En cuanto al resto de los cortos destacaría Valdrift, de Jasper Wessels, una historia que hace bueno el dicho “yo estoy derecho y lo que está torcido es el mundo”, planteamiento, éste, que se aplica a Frank, un hombre ordinario que ve cómo su centro de gravedad va cambiando a medida que pasa el tiempo hasta que pasa a ser diametralmente opuesto al del resto de sus congéneres.

Junto a estos dos cortos no quiero pasar la oportunidad de comentar dos producciones italianas. La primera, Victims, de Anne Riitta Ciccone, es una fábula protagonizada por una niña gótica absolutamente normal, pero con look gótico, que trata de encontrar su lugar en el mundo. Aparte de las virtudes cinematográficas de este corto hay que destacar que es la primera producción en tres dimensiones hecha en el país transalpino, algo que no deja de ser un plus.

La segunda, Myshoes, dirigida por Elisa Resinaro, es una cinemática y, a ratos, violenta narración sobre tres jóvenes, un coche, unos zapatos y todo lo que ocurre en medio, con un sorprendente final.

En cuanto al resto de películas, de largometrajes, que formaron parte de la competición por el Meliès de plata me gustaría reseñar las siguientes: Kill List, del director Ben Wheatley; y Wake Wood, de David Keating.

Ambas películas británicas destilan el inconfundible estilo de las producciones de la Hammer, caracterizadas por que nada era lo que parecía a simple vista. En el caso de la primera, dos asesinos profesionales se verán inmersos en un macabro juego perpetrado por los miembros de una especie de secta que se divierten con el sufrimiento ajeno.
La segunda juega con la hipótesis de traer de vuelta a la vida a tus seres queridos, previamente fallecidos. El problema es que todo tiene sus pros y sus contras, y los protagonistas de esta película firman el contrato sin leer la letra pequeña.

De entre las dos, Wake Wood termina por agradar y convencer más que Kill List, en especial porque la primera sí sabe terminar y la otra flojea un poco.

Masks, de Andreas Marschall, es, sin ningún género de dudas un giallo alemán. El director juega con todos los convencionalismos del género, sobre todo con la capacidad gestual e interpretativa de la actriz principal, Susen Ermich, capaz de conducirnos entre la estilizada, agobiante y, a ratos, abigarrada atmósfera, tan  del gusto de los creadores originales del giallo.

De Alemania también nos llegó Wir sind die Nacht, vampírica historia dirigida con gran acierto por Dennis Gansel. Rodada en los ambientes nocturnos de Berlín y con una clara influencia de Near Dark, de la ya oscarizada Katherine Bigelow, la historia se sustenta en sus cuatro protagonistas femeninas, cada una de las cuales representa a un tipo de mujer distinta. Además, está la historia de la protagonista principal y el joven policía que tras no lograr detenerla en la secuencia inicial de la película acaba por conocerla cuando ya ella es una vampira. La virtud del director es mezclar una estética postmodernista con los recuerdos de una actriz de principios del siglo XX, y los anhelos de una milenaria chupasangre, todo ello sin olvidar la historia de amor antes comentada.

Dejo para el final de esta sección una película que, al igual que ocurre con Rare Exports, da una particular visión del mito de Papá Noel.

Saint, obra del director Dick Maas, es otra vuelta de tuerca al mito del anciano que trae regalos a los niños, devolviendo la leyenda a su lugar de origen y retratando a San Nicolás como el sacerdote renegado y demente que, según cuenta la Historia, fue. Luego se trata de situar la acción en la Holanda del siglo XXI y el resultado es realmente delirante.

Termino este artículo volviendo a destacar una de las películas de género más sorprendente y bien llevada de los últimos años, la película de Matt Reeves, Let me in.

Esta historia de vampiros protagonizada por dos niños pasa por ser una de las películas, visualmente, más atractivas de cuantas han llegado a las pantallas no solo por la naturalidad de sus personajes, sino por la poesía que destilan sus imágenes. Tras verla resulta difícil pensar en los vampiros como seres oscuros y sin sentimientos, sobre todo por la forma en la que Abby defiende a Owen y como entre ellos se crea un lazo de unión que va mucho más allá de lo que, a simple vista, pudiera parecer.

Let me in resume muy bien las virtudes de un festival como Espoo Ciné, donde el tiempo y las películas transcurren de una forma tranquila y relajada, sin los agobios que suelen acompañar a este tipo de encuentros, razón por la cual resulta tan recomendable este festival.

La próxima cita en agosto del año que viene, en el centro cultural de Tapiola, Espoo.