“EL BOSQUE DE LOS SUICIDIOS”, un thriller sobrenatural inspirado en el bosque de Aokigahara

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El bosque de los suicidios. Nathalie Dormer

El bosque de los suicidios es un thriller sobrenatural que se inspira en un lugar real: el bosque de Aokigahara. Conocido como jukai, o el “Mar de Árboles”, está situado al pie del monte Fuji (Japón), en su ladera noroeste. La apacible belleza de Aokigahara no deja traslucir su historia de violencia y su reputación de zona de actividad paranormal.

Durante siglos, la asociación de Aokigahara con la muerte y el tormento lo han convertido en un indicador cultural de la arraigada creencia de los japoneses en lo paranormal. La leyenda habla de los fantasmales ubasute, que habitan en lo más profundo del bosque, afligidas figuras espectrales de ancianas, abandonadas por sus familias para que murieran, cuando ya no podían seguir cuidando de ellas.

A lo largo de las últimas décadas, Aokigahara se ha hecho conocido como un lugar al que acude la gente con intención de quitarse la vida; su trágica reputación no ha hecho más que crecer, con rumores de los espíritus de esos suicidas, los yurei, haciendo crecer sus fantasmales filas a base de atraer a los deprimidos, los débiles y los incautos a su muerte bajo el sereno dosel forestal de Aokigahara, en una zona conocida como “el bosque de los suicidios”.

El productor David S. Goyer oyó hablar de Aokigahara como “un lugar escalofriante, con fenómenos muy extraños. Los móviles y las brújulas no funcionan allí por los yacimientos de hierro de la montaña; apenas hay fauna; y es tan frondoso y oscuro que resulta fácil perderse en él. Y todos estamos familiarizados con el miedo a perderse en el bosque”.

“Aun así, Aokigahara es un lugar bucólico de una prístina belleza. Lamentablemente, allí también se ha suicidado más gente que casi en ningún otro lugar de nuestro planeta. Y el ritmo no ha dejado de aumentar. Hay un depósito de cadáveres en el bosque y una especie de unidad de vigilancia que realiza periódicamente búsquedas de posibles cadáveres. Hay carteles que dicen cosas como ‘Date la vuelta’, ‘No te salgas del camino’ o ‘Piensa en tus seres queridos’”.

Goyer se dio cuenta de que Aokigahara podría ser el escenario perfecto para lo que concebía como “un tenso thriller sobrenatural con personajes que te importan, imbuido de una creciente sensación de temor”. Ideó un argumento básico y se puso en contacto con Lava Bear Films.

El productor Tory Metzger, de Lava Bear, recuerda: “No sabía nada sobre Aokigahara, así que cuando David Goyer nos trajo esa idea tan cinematográfica ambientada en un lugar real con una larga historia, despertó mi interés. Cuando empecé a leer sobre él y comprendí el lugar que ocupa en siglos de tradición japonesa, así como la oscuridad y las apariciones relacionadas con ese sitio, me di cuenta de que podía servir para ambientar allí una historia, de modo que Aokigahara fuera un personaje en sí mismo.”

David ya había dado con la historia que podíamos contar. Juntos, identificamos a guionistas que pudieran ser aficionados a este género”.

Ben Ketai escribió un primer borrador, que sirvió como marco subyacente a partir del cual fue evolucionando el guion. Cuando Ketai tuvo que encargarse de otros compromisos, los productores se pusieron en contacto con la novelista Sarah Cornwell, una guionista primeriza, para que siguiera trabajando en el guion. Metzger señala: “Sarah se encargó de desarrollar elementos cruciales, como el pasado de las dos hermanas, que tiene un impacto tan significativo en el presente”. Cornwell también reforzó el conflicto centrado en los personajes, y siguió desarrollando la oscura personalidad del propio bosque.

Metzger prosigue: “A continuación llegó Nick Antosca e hizo algo enormemente importante: amplió una idea introducida por Sarah, que el bosque se encarga de mostrarte tu propia tristeza. Se aseguró de que el final de la historia respetara las reglas del bosque, así como las de las vidas de las hermanas. El bosque de los suicidios siguió evolucionando como un relato psicológico, algo muy diferente de la mayoría de los guiones de terror actuales”.

El guion acabó convirtiéndose en un estudio de la locura. El bosque te contagia su oscuridad. Los personajes influyen en la historia, en lugar de a la inversa. El bosque de los suicidiosestá movida por la evolución de los personajes, o más bien por su degeneración, por decirlo así”.

Goyer señala: “No queríamos que se tratara de una película que dependiera del susto fácil; queríamos que fuera metiéndote poco a poco el miedo en el cuerpo. Para que algo dé verdadero miedo, tienes que dedicarle tiempo a los personajes y conseguir que te importen”.

El productor David Linde aporta: “El bosque de nuestra película es una entidad de energía sobrenatural, malévola y manipuladora, que lleva siglos reuniendo almas. Es un refugio y, al mismo tiempo, una prisión, para espíritus inquietos”.

Así que El bosque de los suicidios ofrece un viaje aterrador que nos lleva por la psique de Sara en un lugar lleno de tristeza y miedo. Los espectadores se encontrarán allí mismo con Sara, preguntándose si podrán –y ella también– afrontar lo que está cobrando forma”.

El desarrollo del proyecto, desde su concepto inicial hasta el rodaje, duró aproximadamente tres años; Jason Zada se incorporó como director cuando ya llevaba un año en marcha. Zada había sabido atrapar la imaginación del público con su obra viral interactiva “Take This Lollipop”; decenas de millones de personas habían tenido ocasión de experimentar el estremecedor éxito web. Interesado en hacer su primera película, Zada había leído ya cientos de guiones. Solo cuando Lava Bear le propuso hacer El bosque de los suicidios encontró lo que estaba buscando.

Zada reflexiona: “Tras haber creado contenidos más breves, quería poder contar una historia en la que sigues a un personaje durante todo un largometraje, y en un momento crucial de su vida”.

Metzger recuerda: “Todos habíamos visto ‘Take This Lollipop’ y nos había impresionado. También habíamos visto anuncios dirigidos por Jason, así que sabíamos lo bien que sabía dar forma a las ideas para presentarlas visualmente. Al reunirnos con él, nos expresó su profundo interés por hacer un thriller psicológico. David Linde y yo pusimos en contacto a David Goyer con Jason, y sintieron que sintonizaban creativamente a la perfección”.

Goyer aporta: “Jason es reflexivo, serio y juicioso; cuando hablamos del guion, revisó todos sus aspectos emocionales”.

Zada explica: “El miedo es algo muy primario para todos. Llevo viendo desde pequeño películas de miedo. Pero me encantan especialmente las que se hicieron justo antes y durante la década de 1970: La semilla del diablo, Amenaza en la sombra, El exorcista, El resplandor… todas ellas son clásicos del género, y del cine en general. Así que me propuse hacer un thriller psicológico inteligente, atmosférico y visualmente impactante que llevara a los espectadores a un viaje profundamente inquietante”.

El bosque de los suicidios. Natalie Dormer

Natalie Dormer

Esos espectadores verían El bosque de los suicidios desde el punto de vista de un personaje principal, Sara, que impulsa la historia a través de las sensaciones que vive. El papel exigía una actriz capaz de interpretar un amplio espectro de emociones, ya fuera como Sara o como su hermana gemela, Jess. “Natalie Dormer era el primer nombre de nuestra lista”, asegura Goyer.

Se concertó una llamada entre Zada y Dormer, ya que el director “la había visto trabajar y me había impresionado su habilidad y versatilidad como actriz. Cuando hablamos, reconoció inmediatamente que su interpretación tendría que empezar ya en un plano emocional elevado y después seguir aumentándolo”.

A la estrella de Juego de tronos y Los juegos del hambre le atraía la profundidad del guion y sus exigencias físicas y emocionales. Opina: El bosque de los suicidios es psicológico, no de sangre y tripas. La historia trata sobre alguien que se está desmoronando, y posee un nivel de sofisticación ausente en la mayoría de los thrillers”.

“Me pareció muy pulido, en la medida en que el arco argumental es un perfecto viaje del héroe. Desde el primer instante se crea una situación dramática: Sara se encuentra de pronto sumida en un mundo completamente ajeno a ella, en un país extranjero y tiene que ir a pie. Se encuentra en una situación física a la que no está acostumbrada, muy lejos de todo el que pudiera servirle normalmente de apoyo o en quien pudiera confiar”.

Zada agrega: “Sara es un personaje complejo; a primera vista, es una mujer segura, felizmente casada, y que tiene su vida perfectamente organizada. Siempre ha brindado apoyo a Jess, su hermana gemela algo trastornada, y comparten un vínculo que se extiende al terreno psíquico. Sara parece ser la más fuerte, estable y práctica, pero sus problemas sin resolver la hacen vulnerable en un entorno aterrador”.

Dormer considera que “Sara vive sumida en la negación; ha bloqueado recuerdos de su infancia. Si fuera verdaderamente sincera consigo misma, se daría cuenta de que Jess es psicológicamente mucho más sana a como la ve Sara. Jess es más abierta y sincera sobre sus problemas y miedos; afronta sus demonios personales, algo que Sara todavía no ha hecho. Tengo una relación muy estrecha con mis hermanos, y eso me ayudó a entender mejor la situación de Sara”.

De cara al exterior, Sara mantiene una fachada de pleno control, así que tiene un aspecto bastante conservador. Jess ofrece un completo contraste; es muy atrevida y decidimos que llevara piercings, sombra de ojos oscura y pelo igualmente oscuro. También me divertí con sus acentos americanos”.

La actriz reflexiona: “La verdad es que el guion era una interpretación moderna de un escenario de cuento de hadas; te internas en el bosque y allí te encuentras sola con tus miedos. El bosque pone un espejo delante de todos los que entran en él; saca a la luz todos los asuntos pendientes que pueda tener uno como persona”.

Dormer tuvo que recurrir a la adrenalina durante lo que fue “un rodaje físicamente muy exigente, ¡y no solo porque me tiré un mes entero corriendo de un árbol a otro! Todo fue intenso, ya fuera porque estuviera rompiendo a llorar, gritando o cayendo por algún agujero. Todo suponía un esfuerzo interpretativo“.

“La adrenalina empezaría a hacer efecto después de una o dos tomas. Podía sentir que no me quedaban fuerzas, pero entonces me metía en la situación, incluso emocionalmente. El equipo me apoyaba cuando me sentía decaer”.

Dormer apunta: “Además, es estupendo interpretar el papel principal en una película –era la primera y la segunda de la hoja de convocatoria– y contar con el apoyo de tres hombres, cada uno de ellos con un ritmo diferente”.

Taylor Kinney

Entre esos tres hombres figura la estrella de Chicago Fire, Taylor Kinney, que encarna al apuesto y encantador periodista de viajes Aiden. Kinney ve a su personaje como “un individuo errante, que no echa raíces, un poco como un gitano. Parece buen tipo, pero hay personajes que se mueven por una zona gris y Aiden es ciertamente de esos. Una vez se internan en el bosque, empiezas a dudar de sus intenciones y Sara también va sospechando cada vez más… al igual que los espectadores, a quienes El bosque de los suicidios mantendrá en todo momento en vilo”.

Goyer señala: “Aiden tenía que ser romántico, pero no un galán romántico. Sara es una mujer casada pero, ahí fuera, en el bosque, ¿podría caer en la tentación? Tuvimos mucha suerte con Taylor; tiene ese aire a lo Paul Newman que hace que alguien se te quede grabado”.

Zada comenta: “Taylor entendió lo que hacía falta para interpretar a Aiden, lo que incluía cierto aire de peligro”.

Dormer sostiene: “Tengo experiencia interpretando personajes ambiguos, así que puedo decir que Taylor lo hace muy bien”.

Kinney tenía muchas ganas de trabajar con Dormer. Recuerda: “Cuando Jason la mencionó, yo ya conocía su trabajo; como actor, siempre quieres exigirte al máximo, buscar nuevos retos, e interpretar con gente a la que respetas. es sumamente versátil, y estuvo estupenda desde el primer momento”.

Eoin Macken

El marido preocupado de Sara, Rob, está interpretado por la estrella de otra popular serie de la cadena NBC, Eoin Macken, de Turno de noche. Dormer y él hablaron largo y tendido sobre la relación de la pareja antes del rodaje y llegaron a la conclusión de que Rob no conoce realmente todo el pasado de las hermanas. Macken comenta: “Natalie y yo decidimos que Sara se guarda muchas cosas dentro y que ha dejado de lado los recuerdos negativos para protegerse, y que Rob no quiere husmear. La ha ayudado a aliviar su inherente tristeza. Se trata de una pareja feliz, que ha decidido que es mejor no ‘revolver en el pasado’”.

Aun así, encuentra que Jess ejerce una influencia negativa sobre Sara, y no entiende por qué su mujer se muestra tan comprensiva hacia ella. En El bosque de los suicidios, tenemos ocasión de explorar matices psicológicos oscuros del carácter de los personajes, y que te preocupe lo que le pueda suceder a los personajes interpretados por Natalie hace que todo resulte más visceral”.

Macken encontró que trabajar con Dormer fue “fácil y divertido, porque con ella hay un intercambio de ideas. Cuando interpretas a personajes que son pareja, todo debería ir fluido y, con Natalie, sucede así”.

Jason estaba muy tranquilo pese a estar haciendo esta película tan intensa. Tiene ideas estupendas y sabe exactamente lo que quiere. Y estaba listo para hacer una película aterradora; cuando leí el guion pensé: ‘Esto es muy retorcido’, y va a resultar aún más cuando lo veas”.

Yukiyoshi Ozawa

El reparto de actores que apoyan a la actriz principal en su doble papel se completa con la estrella japonesa Yukiyoshi Ozawa en su debut en lengua inglesa. “Hace mucho tiempo que quería participar en una producción de Hollywood”, confiesa entusiasmado el actor. “Estaba encantado durante el rodaje. Esta es la primera película de Jason como director, pero es como si ya hubiera hecho otras 15; me dio muchos consejos”.

Ozawa interpreta a Michi, el guía forestal que lleva a Sara y a Aiden a Aokigahara pese a sus grandes recelos. Michi es la voz de la razón, la cautela y la autoridad, que conoce el bosque y reconoce su poder y el peligro que supone.

El actor afirma: “Michi se ve presionado para ayudar y es un tipo amable. Intenta cuidar de Sara y Aiden, pero cada uno tiene sus propios planes”.

En Japón, todo el mundo conoce los misterios de Aokigahara, que significa: ‘ao’ es azul, ‘ki’ es árbol, y ‘gahara’ es una especie de campo grande. Pero la mayor parte de la gente no quiere ir allí por todos los que han muerto, y para los japoneses es un tema delicado de hablar”.

Los espíritus de los suicidas, los yurei, son fantasmas inquietos, que no pueden tener paz debido a sus muertes violentas y solitarias, y están movidos por sentimientos muy fuertes de venganza, envidia, odio, pesar y/o amor, a la vez que toman fuerza del poder del propio bosque.

Goyer explica: “En la cultura japonesa existen desde hace tiempo elementos mitológicos referidos a los fantasmas. Los yurei son los ‘fantasmas hambrientos’ que no quieren que las visitas se marchen. Si alguien va al bosque y se suicida, su alma se queda allí atrapada. Un pequeño detalle que añadimos nosotros a esa mitología es que la única forma de que un alma pueda escapar es que engañe a otra para que ocupe su lugar”.

Zada agrega: “Se ha visto muchas veces a yurei en Aokigahara; se habla de sombras que se mueven silenciosamente entre los árboles y hay quien afirma haber visto los rostros de los muertos en cortezas de árboles”.

“Nos inventamos algunos elementos para nuestra historia. Los yurei son como los siervos del bosque. Son trágicos, pero también manipuladores, porque el bosque los manipula para conseguir más almas con las que saciar su hambre. Así que están atrapado en un círculo vicioso”.

Rina Takasaki

El yurei Hoshiko es parte ángel de la guarda y parte niño diabólico, parte víctima y parte monstruo. El director animó a la actriz japonesa Rina Takasaki a interpretar todas las facetas distintas. Zada pondera: “La cuestión es: ¿le queda aún algo de humanidad? Rina fue capaz de interpretar todos los aspectos y mantenerte en la incertidumbre”.

Parece muy mona, pero entonces sonríe y se le ven los labios estropeados y los dientes desagradables creados mediante maquillaje, que ayudaron a Rina a resultar muy expresiva”.

Vestuario y maquillaje

La diseñadora de vestuario Bojana Nikitovic y su equipo vistieron a los yurei y ubusute con kimonos traídos de Japón, algunos hechos expresamente y otros comprados de segunda mano. Luego se envejeció la ropa de los espíritus, quemándola, amarilleándola, destiñéndola, manchándola con hierba y barro, y se le hicieron girones y agujeros nuevos que debían tener aspecto de antiguos y apolillados.

Takasaki y todos los actores que interpretaban a los yurei y ubasute pasaban entonces por las manos del equipo de maquillaje, que los equipaba con lentes y prostéticos; los actores que hacían de ubasute no podían ver nada cuando llevaban sus lentillas completamente blancas. Zada aporta: “Quería que los actores llevaran únicamente maquillaje físico, en lugar de recurrir a la infografía. También quería aludir a la imaginería de los thrillers japoneses, pero dándole nuestro propio giro, así que los yurei llevaban pelo de loco y tenían una piel pálida y agrietada. Los ubasute tenían un aspecto tal vez algo más tradicional”.

Goyer considera el maquillaje de Rob Mayor y su equipo de Millennium FX “aterrador. Todos hemos visto thrillers sobrenaturales japoneses, como Ju-on (La maldición), pero lo que están haciendo aquí es distinto. Era esencial tener a las almas atormentadas físicamente presentes allí, con Natalie, y no añadidas posteriormente mediante efectos digitales”.

“A la hora de hacer una película de miedo, el sonido es muy importante, pero hicimos una prueba con los yurei sin sonido alguno y todos los que la vieron se quedaron con los pelos de punta”.

Metzger agrega: “Tenía sentido utilizar métodos prácticos siempre que fuera posible por muchos motivos. Había la idea de resultar distintos de otras películas actuales, además Jason se está inspirando en todas esas películas clásicas de los 70. En última instancia, hace más tangible el terror y más real el miedo”.

Zada se mantuvo en contacto constante con Millennium mientras creaban los diseños. Las pruebas resultaron inestimables, ya que se fueron alternando diferentes piezas con distintos grados de silicona. Al final, el diseño adecuado de pintura para los yurei se consiguió con un aspecto pálido y suave, que evitaba los tópicos de los zombis. Se entresacó el pelo para darle un aspecto más pelado, que se desviaba de las tradicionales melenas largas que cuelgan lacias del cine de terror japonés.

Pero es el semblante bajo ese pelo lo que consigue verdaderamente provocar escalofríos y llamar la atención. Goyer observa: “Nos atraen las historias de fantasmas por nuestro miedo común a la muerte, y por la convincente idea de que el espíritu pueda sobrevivir a la muerte. Todos esperamos que haya algún tipo de vida después de la muerte, así que incluso unos fantasmas espeluznantes resultan en cierto modo un consuelo; implican que la otra vida realmente existe”.

“Investigaciones más recientes sobre los fenómenos fantasmales sugieren que hay sonidos subsónicos, que quedan por debajo del espectro auditivo. Estos sonidos se han empleado en pruebas para causar miedo, y han llegado incluso a provocar alucinaciones a sujetos humanos. Tuvimos eso en cuenta en nuestro diseño de sonido para el montaje final”.

Metzger aporta: “Alguien me dijo una vez: ‘Las películas de miedo funcionan de forma muy similar a un chiste: está la preparación, el gag y el desenlace’. A menudo, el gag que esperan los espectadores no llega y se sustituye por algo inesperado, que podría tal vez no dar miedo. Tenemos casos de este tipo en El bosque de los suicidios, antes incluso de que Sara entre en el bosque, porque está teniendo unas extrañas experiencias extracorporales”.

En el bosque real, tienes turistas que acuden a diario a contemplar la belleza de este lugar tan significativo para la cultura y la historia japonesas. Pero también hay una serie de personas que van allí con intención de quitarse la vida. Dada esa dicotomía, era inevitable que la película tuviera momentos de humor negro”.

Localización

La visita del propio Zada a Aokigahara resultó memorable. El director recuerda: “Fui a explorar un día porque me pareció importante vivir la experiencia de Aokigahara antes de rodar. Tres guías se echaron para atrás –por enfermedad, pesadillas, premoniciones– hasta que por fin encontré uno que me llevara… e insistió rotundamente en marcharse al anochecer”.

“Me pareció un lugar hermoso, sereno y extraño. Admito que me sentí incómodo allí y bastante asustado”.

Dormer también visitó Aokigahara un día. “No salimos del camino”, sostiene, antes de aclarar que “me alejé tal vez unos pocos metros para sacar unas fotos entre los árboles, pero mi chófer no se atrevió ni siquiera a eso”.

“Lo encontré deslumbrante, tan verde y frondoso. Agradecí mucho poder ver Aokigahara, y también Tokio de noche, cuando rodamos allí”.

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Rodaje

El equipo de rodaje filmó durante una semana en Tokio, que a Zada le pareció “una ciudad maravillosa. Rodamos en un colegio y un bar de sushi, y reunimos otro material, como planos de fondo de la silueta urbana. El equipo y los extras japoneses fueron estupendos y nuestras experiencias allí determinaron el resto del plan de rodaje”.

Aunque pudieron filmar algo al pie del monte Fuji, ya no está permitido rodar en el propio Aokigahara, así que el equipo de rodaje tuvo que buscar un lugar parecido en otra parte. Tras examinar muchos sitios de todo el mundo, la solución sorpresa resultó ser Serbia; su Parque Nacional de Tara, una amplia zona de bosque a cuatro horas de coche de Belgrado, ofrecía el aspecto adecuado y abundantes ubicaciones donde grabar.

A Dormer los bosques serbios le parecieron “preciosos. Ayudaron a darle cuerpo al personaje del bosque. Aunque sí que hizo frío en Tara; necesité usar jersey, y grandes dosis de cafeína y chocolate… e insecticida. Mucho insecticida”.

Kinney aporta: “En el fondo soy un chico de campo, así que no se me podría ocurrir un lugar mejor; Tara es verdaderamente precioso. Belgrado es una ciudad con una comida estupenda y buena gente”.

Al diseñador de producción Kevin Phipps Tara le resultó “casi perfecto para hacer de Aokigahara, aunque tuvimos que retocar ligeramente la realidad”.

“Para los carteles del bosque, pensamos en copiar los carteles reales, pero al final optamos por adaptarlos, a la vez que nos manteníamos fieles”.

En Serbia también se filmaron interiores en un antiguo almacén en el que Phipps y su equipo construyeron un gran número de sets, entre ellos hogares americanos, un hotel japonés, y una cueva de hielo, así como un agujero en el suelo.

Dormer comenta maravillada: “Estoy habituada a sets increíbles; el diseño de producción de máxima categoría de Los juegos del hambre y Juego de tronos me ha malacostumbrado, y Kevin y su equipo no les tienen nada que envidiar”.

“Después de pasar por Japón, cuando llegamos a Serbia pude apreciar con que precisión se había reproducido todo: la estética de Japón, la atención al detalle. Kevin es magnífico en su trabajo, entiende a qué necesita reaccionar un actor”.

Phipps sentía que el objetivo de su unidad era “apoyar a los actores. Natalie me dijo que nuestra habitación de hotel japonés era mejor que aquella en la que se alojó ella durante el rodaje en Tokio”.

La verosimilitud se consideró primordial para los sets japoneses. Como parte de un curso intensivo de preparación que empezó tan solo dos meses antes de comenzar el rodaje, Phipps y su unidad aprendieron a hacer mamparas tradicionales japonesas de shōji, o papel de arroz. También estudiaron y replicaron materiales de construcción tradicionales de madera.

El puesto abandonado del guarda forestal era una estructura de madera para la que el departamento artístico siguió directrices establecidas de construcción japonesas. Se utilizó madera quemada y envejecida, para construirla siguiendo un diseño tradicional, con musgo rellenando los huecos entre los troncos, para hacer las juntas resistentes a las inclemencias del tiempo. En el interior, telarañas creadas artificialmente compartían espacio con fruta pasada de verdad y una radio militar retro de Serbia.

Phipps aporta: “Jason y yo nos entendimos muy bien. Estábamos de acuerdo en que la película tenía que ser meticulosa en su atención al detalle. Jason compartió conmigo una especie de ‘tratamiento’ visual que había preparado para El bosque de los suicidios, y estábamos en perfecta sintonía. Dimos muchas vueltas a cada decisión que tomamos”.

“Pero también me gusta siempre incluir lo que no debería estar ahí; algo ligeramente extraño, extravagante o incoherente. Así queda, en cierto modo, una realidad realzada”.

Las labores gráficas resultaron ser un gran número de pequeños trabajos. Phipps comenta: “Contamos con un diseñador gráfico muy bueno y mucho material de referencia. Para una escena en un bar, debíamos tener 60 etiquetas distintas de sake. Necesitábamos todo tipo de botellas y etiquetas. Nuestro contacto japonés lo revisó y nos ayudó a conseguir todas las tipografías adecuadas”.

Nos enviaron material de atrezo de Tokio y de Viena, donde reside una comunidad japonesa de un tamaño considerable. Para ciertos detalles de la casa estilo Craftsman de Sara, se necesitó ayuda de la embajada de Estados Unidos en Belgrado, para localizar e importar determinados artículos.

Para la casa americana que hubo que recrear en Serbia, Phipps recuerda que “Jason y yo hablamos sobre dónde se encontraría. Sara tiene un trabajo en Washington D.C., así que decidimos que tenía un trayecto de 55 minutos hasta el trabajo. Encontré un mapa de la zona y calculé que la casa estaría situada aproximadamente en Baltimore. El siguiente paso fue buscar en Internet casas de esa zona”.

A través de esta casa estilo Craftsman, podíamos mostrar qué vida llevaba esa pareja (Rob y Sara). Es la casa a la que aspiraban; como jóvenes profesionales sin hijos, cuentan con una cierta renta disponible, así que hay unos cuantos objetos buenos. El comedor está un poco de adorno, rara vez se usa, salvo en ocasiones especiales. El dormitorio es romántico, con colores suaves, un buen sillón y vestidores. Como la propia Sara, todo está muy organizado”.

Para los flashbacks de Sara de su infancia en casa de su abuela, Phipps aconsejó a su unidad no “pasarse de listos con el ‘interior de época’. Aunque los recuerdos de Sara son posteriores, del siglo XX, la premisa es que en casa de su abuela no se ha decorado nada desde finales de los 70. Así que las cosas parecen desgastadas, pero cómodas, con marrones y beige cálidos. Las paredes están recubiertas de un revestimiento de madera, hay moqueta de pelo largo y hay chismes de la época. También está la puerta que lleva al sótano…

“… que nos conduce a un elemento crucial de El bosque de los suicidios : la infancia de Jess y Sara. El sótano es su cuarto de los juguetes y su dominio. Está lleno de juguetes suyos, casi todos repetidos, uno para cada gemela”.

El set más complicado de todos fue la sima de más de 36 m de longitud con una cueva de hielo. Esta última contaba con un armazón de fibra de vidrio, cubierto con 200 kg de cera fundida de velas que creaba el revestimiento.

Phipps proclama que “No era invenciones descabelladas nuestras. En Aokigahara, se pueden encontrar insólitas cuevas de hielo y simas subterráneas naturales en las que el agua, con el paso de los años, ha ido erosionando pasadizos subterráneos”.

Se utilizó resina transparente para dar forma a las estalactitas, y luego se roció todo con cera fundida para darle textura y espesor. La cera fundida, traída de una fábrica de velas de Belgrado, tenía que aplicarse con una pistola pulverizadora.

“Era un entorno bastante desagradable en el que trabajar”, admite Phipps. “Una vez rociada la cera por las paredes, utilizábamos pistolas de aire caliente para hacer que la cera fluyera y brillara como el hielo, como si se estuviera glaseando. Hicieron falta unas 20 personas trabajando como una cadena de montaje porque la cera tenía que rociarse caliente y enfriarse antes del proceso de fundido. Era ruidoso y se nos llenaba la ropa y el pelo de cera. Por último, antes de cada plano teníamos que ir al decorado y rociar la pared con agua para crear el efecto de hielo chorreante”.

El complicado set también presentó todo un reto para el director de fotografía Mattias Troelstrup. Comenta: “En ciertos momentos de la historia, Sara avanza a oscuras, con su teléfono como única fuente de luz, así que cualquier luz de ambiente tiene que parecer natural. Una cueva iluminada puede parecer fácilmente una atracción turística iluminada para dar miedo. Mediante pequeñas luces led y paneles de iluminación suave, añadimos un poco de neblina, para darle ambiente, y eso también ayudó a que el efecto de la luz del móvil resultara más natural”.

Dormer tuvo que tirarse a la cueva “con un arnés, fingiendo estar herida, gritando y disgustada. Había mucha tierra, y contenía unas cuantas criaturas vivas, lo que ciertamente contribuía a la sensación de realismo”.

Como El bosque de los suicidios se filmó casi enteramente en orden cronológico, los “retoques” diarios de Dormer de los departamentos de vestuario y maquillaje incluían aplicarle tierra, así como ir desgastándole poco a poco la ropa.

Para el rodaje en interiores de algunas escenas del bosque, la calificación de zona de explotación forestal del Parque Nacional de Tara suponía que se podían traer en camión árboles de verdad, que se cortaban en tres para crear la densidad necesaria y el follaje preciso. También con permiso del parque, se recogió mantillo, turba, hojas secas, musgo, helechos y flores silvestres para recrear el suelo del bosque. El resultado fue un set vivo, que necesitaba riego constante para que todo se mantuviera fresco, e incluso con esos cuidados, tan solo duraba unos cuantos días.

La necesidad de realizar ciertas secuencias importantes en el bosque exigía a Phipps y su departamento permitir que resultara viable llevar a cabo ciertas escenas arriesgadas “bajo el set”, de modo que el equipo de rodaje pudiera ejecutar un asombroso efecto físico por medio de un elevador hidráulico de tijera encargado expresamente y construido localmente. Por lo demás, “esto se hizo a la antigua”, afirma Phipps. Suelo falso hecho de espuma de tapicería y cobertura de colchón con un tajo en el medio, oculto con hojas, tierra y otra materia orgánica para que se camuflara con el entorno.

Además, ese enfoque “a la antigua” también se extendió a toda la colaboración entre Zada y Troelstrup, que evocaban el aspecto de las películas que los inspiraron. Se valieron de grandes sets prácticos y actores con todos sus prostéticos, con la intención de reducir al mínimo posible el uso de efectos visuales; con dos excepciones: una “ampliación de decorado” de la planta superior del hotel, y una gamba servida a Sara en el bar de sushi. La gamba no es real sino, más bien, generada por ordenador.

Zada cuenta: “La gama de iluminación tiene tres graduaciones. Primero está América: brillante, moderna y suburbana. Luego viene Tokio, con su atmósfera de ciudad de neón. Y por último, y más oscuro –en más de un sentido– está el bosque. Tiene luz natural, pero rodamos bajo cielos nublados para conseguir una atmósfera siniestra y dramática; la única luz artificial es la que procede del móvil de Sara”.

“Hacemos que los espectadores sientan más de cerca su creciente pánico valiéndonos de cámaras portátiles y steadicam para seguir todos sus movimientos. Esta fue otra de las cosas en las que los thrillers antiguos nos sirvieron de inspiración a Mattias y a mí; otra fue el uso ocasional de un ‘dióptero doble’, que ajusta la profundidad de campo en parte de la lente de la cámara. Es muy sutil, y visualmente inquietante para el espectador”.

Troelstrup agrega: “Esta película tiene aspectos tanto de suspense clásico como de terror moderno. Jason ya tenía buena parte pensado, así que yo echaba un vistazo a sus ideas y añadía las mías propias”.

“Sabíamos que el clima supondría un problema para nuestros exteriores en el bosque, pero en un día de pruebas descubrimos que un cielo nublado ofrecía la mejor luz para la atmósfera que queríamos darle a nuestra película. Claro y soleado funciona bien antes de que los personajes se salgan del camino, pero a partir de ese momento filmamos a la sombra o justo después de caer el sol. También esperamos a que se formaran nubes que pudieran reforzar la atmósfera; mi jefe de eléctricos no paraba de alzar la vista al cielo. Al llegar por la mañana, teníamos que ver con qué nos encontrábamos; un exterior localizado con semanas de antelación podía tener un aspecto completamente distinto ese día. Siempre nos esforzamos por conseguir el aspecto adecuado”.

El esfuerzo conjunto del reparto y del equipo ha ido dirigido a “crear una película que asuste a la gente y permanezca luego en su recuerdo”, afirma Goyer.

El cineasta admite: “Esperamos que El bosque de los suicidios logre que la gente le tenga miedo a adentrarse en el bosque, del mismo modo que Tiburón hizo que la gente tuviera miedo a bañarse en el mar”.

El bosque de los suicidios, a partir del 26 de febrero de 2016 en la cartelera española.

Extracto de las notas de producción de El bosque de los suicidios.