Crítica: “LA MUJER DE NEGRO”

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Fecha de estreno en España: 17 de febrero de 2012
Fecha de estreno en Reino Unido: 10 de febrero de 2012
Género: Terror Gótico
País: Reino Unido, Canadá
Año: 2012
Duración: 95mins
Web: www.womaninblack.com

Dirección: James Watkin s| Guión: Jane Goldman | Producción: Richard Jackson, Simon Oakes, BrianOliver | Fotografía: Tim Maurice-Jones  | Montaje: Jon Harris | Música: Marco Beltrami.

Reparto:  Daniel Radcliffe (Arthur Kipps), Ciaran Hinds (Daily), Janet McTeer (Sra. Daily), Liz White (Jennet).

Para todo aficionado al cine fantástico, leer en los títulos de crédito de una película las palabras “Hammer Films” sólo puede provocar una sonrisa de satisfacción. La casa de los colmillos y los escotes ha vuelto a la carga con resultados desiguales: el remake de Déjame entrar dirigido por Matt Reeves sorprendió por su calidad cuando todos nos esperábamos lo peor, mientras que La víctima perfecta era un thriller tontorrón pretendidamente turbio en el que uno se pregunta cómo diantres convencieron a la doble ganadora de un oscar Hillary Swank para que lo protagonizara.

Por suerte, La mujer de negro es un nuevo acierto de la productora, con el que además vuelve a retomar su querencia por la ambientación de época marcadamente gótica (aunque, eso sí, desprovista de su igualmente característico erotismo).

Basada en una novela de 1983 firmada por Susan Hill, que ya fue adaptada al teatro y a la televisión anteriormente, la historia viene a ser un pastiche de tipos, paisajes y tópicos de las historias clásicas de fantasmas a la manera británica: una tragedia familiar que propicia una maldición, una pequeña aldea presa del pánico, una mansión apartada, un espectro asesino de niños, una familia adinerada sumida en la decadencia, y un forastero que se ve obligado a lidiar con todo lo anterior.

Sin embargo, esa amalgama de elementos rutinarios que así descritos podría alentar al desánimo, se ha convertido gracias a la vigorosa puesta en escena del director James Watkins en un magnífico espectáculo macabro, de esos que nos hacen disfrutar sufriendo. La clave de su acierto reside en que sus artífices han logrado impregnar cada fotograma de una atmósfera de terror subyacente que obliga al espectador a estar alerta desde el primer minuto.

La fotografía en tonos fríos transmite un clima de fatalidad y tristeza que nos recuerda que, al fin y al cabo, el terror descrito es el resultado de una tragedia. A esto hay que sumar una banda sonara en la que los efectos sonoros de siseos, golpes secos y chillidos espectrales quedan perfectamente tamizados por la melancólica partitura de Marco Beltrami.

No nos movemos en el territorio del gore, pero las escenas terroríficas resultan muy efectivas gracias a la notable habilidad del director para crear suspense. En ese sentido, es magistral la larga secuencia en la que el protagonista pasa su primera noche a solas en la mansión encantada, construida como un crescendo de situaciones fantasmagóricas cada vez más intensas. Si bien hay algún que otro susto facilón basado en un golpe orquestal o un ruido inesperado, en general el ambiente de desasosiego que domina la cinta está sustentado por una armónica puesta en escena.

La gran duda era comprobar la pericia del Daniel Radcliffe post Harry Potter, y la respuesta no es del todo clara: desde el punto de vista dramático, no cabe duda de que es un buen actor que sabe transmitir la tristeza inicial de su personaje (es viudo), el pánico durante su estancia en la casa y, finalmente, la templanza cuando le toca encarar el misterio. Sin embargo, creo que se trata del intérprete equivocado para el papel, pues el bueno de Radcliffe luce aún demasiado bisoño para resultar creíble como padre de un niño de cuatro años. Pero, insisto, no es culpa suya, sino del director de casting.

Es de agradecer que, ante la tentación de caer en estrategias revisionistas, desmitificadoras o posmodernas, la película asuma sin complejos su condición de cuento de fantasmas tradicional y se esfuerce por narrarlo con honestidad y cuidando todos los detalles. La mujer de negro suple lo tópico de su argumento con un brío narrativo que logra su principal objetivo: mantener a la platea en vilo durante 90 minutos.