Crítica: “GRAND PIANO”

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Género: Thriller
País: España, Estados Unidos
Año: 2013
Duración: 80 mins.
Fecha de estreno en España: 25 de octubre de 2013

Dirección – Eugenio Mira | Guión – Damien Chazelle | Producción – Adrián Guerra, Rodrigo Cortés | Montaje – J.L. Romeu | Fotografía – Unax Mendia | Música – Víctor Reyes

Reparto – Elijah Wood (Tom Selznick), John Cusack (Clem), Kerry Bishé (Emma Selznick), Tamsin Egerton (Ashley), Allen Leech (Wayne), Don McManus (Reisinger), Alex Winter (asistente), Dee Wallace (Marjorie Green).

No hace mucho, me preguntaban por la diferencia entre el thriller y el suspense como géneros narrativos (cine, literatura, teatro…). Sin que se me ocurriera una explicación en la que no me tuviera que extender varias horas, lo primero que se me vino a la cabeza es que mientras el Suspense se caracteriza por mantener la atención del espectador en lo que se refiere a una sucesión de eventos, el thriller , además, lo hace con ciertas dosis de ansiedad.

Si aplicamos esa definición, deberíamos decir que Grand Piano, la película de Eugenio Mira que arrancaba el reciente Sitges’13 es definitivamente, un thriller .

Es un thriller y un homenaje. No resulta difícil dejar traslucir las referencias de los grandes maestros del género, con esas situaciones rayando lo inverosímil que nos traen a la memoria La Cuerda (Rope – 1948), la magistral película del gran Hitchcock, o los planos imposibles de Brian de Palma.

Para ello, Eugenio Mira cuenta con dos grandes pilares. Un reparto de altura encabezado por John Cusack y Elijah Wood. Un Elijah Wood que parece que después del remake de Maniac, se ha despojado definitivamente de aquello tan manido y que tanto odian los actores como es que le llamen por el nombre de uno de sus personajes. Y es que seamos sinceros, cuantos de nosotros no hemos pensado, al verle en actuaciones posteriores a su intervención en la épica LOTR de Jackson, “mira, si sale Frodo“.

Wood, que además de interpretar a un pianista, ejecuta todas las obras el mismo al piano, se desmarca con un papel de gran tensión narrativa donde las cámaras lo enfocan la mayor parte del tiempo. Y es que a pesar de compartir papel estelar con Cusack su antagonista, este es apenas un susurro telefónico que pierde una irreparable potencia interpretativa con el doblaje. Sin embargo, ese grande de la interpretación que poco a poco se quita el Sambenito de haber participado en aquella monstruosidad llamada 2012, se luce con giros espectaculares de su voz, jugando al despiste del espectador, y definitivamente haciendo buena pareja escénica con Wood.

Sin embargo, con todos esos mimbres, y con una espectacular (no podía ser menos) banda sonora a cargo del televisivo Víctor Reyes, a la película parece faltarle algo, y ese algo no es otra cosa que imprevisibilidad.

En efecto, tanta referencia hace a otros clásicos, que gran parte de los sucesos de la película puedan ser anticipados por el espectador, lo que hace que pierda parte de su fuerza escénica.

La película, transcurre gran parte de su metraje en tiempo real, el que dura un concierto para orquesta y piano, y ahí está el mérito real de la cinta, en un guión obra de un literato casi nóvel, Damien Chazelle,pero que está llamado a dar mucho que hablar; guión, que sin llegar a parecer rebuscado, pone a sus protagonistas en una situación límite sin dar muchos momentos de respiro. ¿Puede tener que ver Rodrigo Cortés, productor de esta película, algo que ver con el hecho de que sea casi en tiempo real? Recordemos que fue director de Buried, con un tempo similar, y quizás hallemos una explicación.

En resumen, una película más que correcta, que merece la pena ser vista en digital en la comodidad de una sala, y que hará que más de uno se deje las uñas en el camino.