Crítica: DJANGO DESENCADENADO

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Género: Western| Acción | Drama
País: EEUU
Año: 2012
Duración: 165 mins.
Fecha de estreno en Estados Unidos: 25 de Diciembre de 2012
Fecha de estreno en España25 de Enero de 2013
Web: www.sites.sonypicturesreleasing.es

Dirección – Quentin Tarantino | Guión – Quentin Tarantino | Producción – Pilar Savone, Stacey Sher | Montaje – Fred Raskin | Fotografía– Robert Richardson
Reparto: Jamie Foxx (Django), Christoph Waltz (Dr. King Schultz), Leonardo DiCaprio (Calvin Candie), Kerry Washington (Broomhilda), Samuel L. Jackson (Stephen)

Otra más, ni más ni menos. Otra que en sus primeros minutos nos arrastra al compás de unos pies agotados, heridos, encadenados, esclavos y, por supuesto, negros, de la mano de ese reciente y esperado spaghetti western; a través de otra nueva aventura con esa extraña mezcla de humor, socarronería, violencia y macarronismo al más puro estilo ÉL, o sea, al más puro estilo Tarantino. Y es que, señoras y señores, adoradores y detractores, este director, actor, guionista, muy amigo de sus amigos y, casi seguro, excelente hijo (o no), sigue tocando más o menos los mismos palos, continúa empleando la misma fórmula, y sorprendentemente, al muy desgraciado le funciona. ¿Tanto o más que en anteriores ocasiones? Eso depende: depende del gusto por el género que aborda. Depende de las expectativas generadas. Depende de la originalidad que se espere. Depende… ¿de qué depende? De según cómo se mire, claro.

Django Desencadenado cuenta la historia del aparente Dr. Schultz (un caza recompensas de origen alemán), que viaja inofensivamente en su extravagante carromato, pertrechado éste con una gigantesca y disuasoria muela, pero yendo realmente a la zaga de aquello que supondrá su próxima fuente de ingresos; los señores malos. Los asesinos, vivos o muertos, reclamados por la ley.

Casualmente, Schultz (interpretado por Christoph Waltz) tropieza con una parca partida de esclavos donde trasladan, entre otros, a nuestro sufrido Django (Jamie Foxx). Tras comprobar Schultz, que el muchacho de color le es de gran utilidad, lo libera y le propone un interesante trato: ambos colaborarán mano a mano dando caza a los malhechores. Después, Django conseguirá su libertad y una vez pasada la época de las nieves, sumados mientras unos cuantos puñados de dólares en recompensas, irán en busca de la esposa de Django (aun esclavizada).

Hasta aquí, todo en relativo orden.

En cuanto al resultado, como decía al inicio, tal vez sea más de lo mismo, pero en esta ocasión ese “más de lo mismo” es demasiado largo. De acuerdo, la cinta no aburre en ningún momento, y mucho menos lo hará a los tarantinianos más acérrimos, pero aun así, amigos y amigas, amigas y amigos, seamos consecuentes: contando lo que cuenta y teniendo en cuenta cómo lo hace (una historia, hasta cierto punto, de lo más lineal y masticada), en este Django Desencadenado sobra metraje. Por mucho que a uno le gusten las películas del Oeste y este sea un claro y muy válido homenaje (pero en el Sur), aunque, por otra parte, insista en sus chistes realmente hilarantes pero que a veces no solo no aportan nada a la trama, sino que terminan siendo algo redundantes; insisto, aunque nos empeñemos en admirar su ingenio en determinados giros de guion que, tal vez, terminan llegando un poco tarde (pero se agradecen, y son varios), el film, indiscutiblemente, podría haber contado y divertido lo mismo en mucho menos tiempo.

Por otra parte, si buscamos algo original, sin duda no lo encontraremos. Y, no, no lo digo porque Django reincida en la aparición de algunos de los miembros del reparto, que tampoco es la primera vez, sino más bien porque insiste en describir personajes que en alguna aventura anterior funcionaron, y en esta, también lo hacen pero siendo justo lo mismo pero a la inversa: el cabroncete malo ahora es el cabroncete bueno. No obstante, y ya que le ha llegado el turno al reparto, me veo en la obligación de decir que a pesar de que Jamie Foxx o Christoph Waltz llevan todo el peso de la historia, y lo soportan de manera brillante, aquellos otros que van poblando la misma en mayor o menor medida, también resultan magníficos. El casting en su conjunto es extraordinario sin duda alguna. Todos, del primero al último, tienen un esplendor especial, sean buenos o malos, sufridores o castigadores. Empezando por el desmejorado y casi irreconocible Don Johnson, pasando por Franco Nero, o volviendo a tener en cuenta a uno de mis predilectos; Samuel L. Jackson. Todos y cada uno de ellos lo bordan, hasta el mismísimo Tarantino, que no duda en volver a reírse de sí mismo demostrándonos nuevamente que su sentido del humor no conoce límites. Y cómo dejar de lado al señor Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), quien, todo hay que decirlo, una vez vista la película y revisionado el tráiler oficial, tarda un poco más de lo esperado en pasar de ser el típico ricachón, puñetero y gilipollas, al cabrón histérico y enrevesado que termina siendo. Pero aun así, lo clava. Así que chapó también por él. Chapó por todos.

Y llegados a este punto, al de lo más destacable, no podemos dejar de comentar el formidable modo en que Tarantino trata un tema tan peliagudo como es el de la esclavitud y el racismo. Sí, de acuerdo, como cabe esperar, sin ninguna delicadeza, ¿qué habría sido de nuestro genio si no? Pero por otro lado también lo hace con todo el respeto que merece y, por supuesto, conocimiento (sospecho que hay un alma negra dentro de ese enorme y cada vez más desmesurado cuerpo). Todo esto me ha convencido. Mucho. A veces incluso me ha llegado a emocionar, en concreto, lo ha hecho la secuencia en la que Calvin (DiCaprio), en cuclillas, razona aparentemente con uno de sus esclavos. Esta resulta soberbia, magistral, como también lo hacen algunas otras.

Para terminar, he de decir que Django Desencadenado es también un derroche de sufrimiento y de gozo, de sumisión y de tiranía, de rojo va y de rojo viene (y que no falten los “chorrazos” tratándose de la obra de este señor); de western, mucho western. Repetimos; de humor desvergonzado y fresco… Acción y tiros a lo largo y a lo ancho. Con una o con dos pistolas, es igual. Con rifles… Con balas que caen sumisas; llenas de rencor y de odio. Y esos diálogos sublimes… Ah, y la música. Eso que no falte. Desde el primer minuto de metraje, la banda sonora, a veces amputada vilmente, le imprime a este Django Desencadenado la fuerza y la personalidad que requiere. Y es que es absolutamente maravillosa.

D-J-A-N-G-O, sin grandes aspavientos, sin más, E-S-M-A-S-Q-U-E-R-E-C-O-M-E-N-D-A-B-L-E.