Crítica: ‘ALADDÍN’ de Guy Ritchie

Estreno en cines (España): 24 de mayo de 2019

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Mena Massoud y Will Smith protagonizan 'Alladín', dirigida por Guy Ritchie.
Mena Massoud y Will Smith protagonizan 'Alladín', dirigida por Guy Ritchie.

Si hay dos películas que cambiaron la misma percepción de la factoría de animación Disney fueron La Bella y La Bestia (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991) y Aladdín (Ron Clements y Jon Musker, 1992). Se puede considerar a ambas la antítesis del imaginario, forjado durante décadas por el creador de la compañía cada vez que éste producía un nuevo título con una princesa de protagonista. Brillantes, contemporáneas, resolutivas, decidas y sin un pelo de tontas, las protagonistas femeninas empezaron a reclamar lo que en los últimos años se oye como un clamor; es decir, la verdadera igualdad entre los sexos.

Dicho esto, entre la primera película mencionada y la segunda hay una notable diferencia. Ésta no es otra que el genial Genio que no para de robarle planos a los protagonistas de la historia. Al tratarse de una película de animación, gran parte del éxito del personaje se debe a la voz y a la personalidad del tristemente desaparecido Robin Williams, quien logró una fusión tal con el personaje que, por momentos, parecía un ser de carne y hueso, no un montón de dibujos expuestos en una pantalla.

Tampoco me quiero olvidar del resto de los protagonistas de esta película, especialmente del malévolo Jafar y su fiel Yago, dos de los villanos más carismáticos del universo Disney; del tándem Aladdín y Abú; y cómo no, de la dispuesta y contestataria Yasmín.

Quizá por una realización tan bien compensada y desarrollada como ésta no todo el mundo acogió con el mismo entusiasmo la versión de personajes reales, escrita por John August y Guy Ritchie, quien es, también, el director.

Cierto es que la elección de Will Smith en el papel del Genio no sonaba nada mal, aunque el resto del reparto, Mena Massoud (Aladdín); Naomi Scott (Jasmine); y Merwan Kenzari (Jafar) no eran nombres que sonaran conocidos.

Naomi Scott, sí, por ser la nueva Power Ranger rosa (Power Rangers, 2017), además de la hija de Antonio Banderas en la agobiante película de los treinta y tres mineros chilenos. Del resto de actores, apariciones breves en series de televisión y poco más…

Dicho todo esto, y dejando a un lado ese escepticismo que abandoné hace muchos años, debo decir que esta versión de Aladdín no solo no desmerece a la versión animada, sino que va un paso más allá, cosa que hay que agradecer a los responsables del guion.
Y es que, desde la primera secuencia de la película, Guy Ritchie y John August nos empiezan a contar lo que ocurrió con el Genio desde que dejó de serlo, aunque esto no lo sepamos hasta el mismo final. A partir de ahí, la narración nos lleva a muchos de los lugares comunes que ya se vieron en la versión del pasado siglo, pero poniendo especial énfasis en humanizar a los personajes. Así se cuentan, por ejemplo, cosas de la vida de Yasmín, merced a la inclusión de su confidente Dalia, un nuevo personaje en esta historia.
Habrá quien eche de menos pasada la primera media hora al imponente Jafar animado, dado que el que aparece en esta versión no es, ni mucho menos, tan sibilino como el animado. Este nuevo Jafar es pétreo, maquiavélico e intrigante, tal y como se espera de un personaje de su catadura moral. Hasta aquí, lo que se podía esperar.

La cosa cambia cuando Aladdín y Abú entran, engañados, a la Cueva de las Maravillas y se encuentran con la Alfombra, la lámpara y, por último, con el genio que habita en dicha lámpara. De la Alfombra, decir que es aún más genial, si eso fuera posible, que en la versión animada. La lámpara no es especialmente destacable. El genio, casi diría que es tan genial como el animado, aunque se haya tratado de evitar cualquier tipo de agravio comparativo con el dibujo azul. Will Smith recurre a su verborrea habitual para sustituir las mil y una caras del genio animado y, además, en algunos momentos su reinterpretación de algunos de esos icónicos instantes de la versión animada es aún mejor.

El Genio tampoco se encuentra con “un cangrejo a la sirenita” cuando está transformando a Aladdín en el príncipe Alí, pero la llegada a Agrabah es tanto o más espectacular que en la versión animada, porque Guy Ritchie hecha mano del Bollywood más tradicional y sus modos y maneras serán palpables en toda la película, independientemente de que ya fuera un musical.

En esto último no quiero olvidarme de que el trabajo de Alan Menken, Howard Ashman y Tim Rice, al cargo de la música y las canciones de la versión animada y esta nueva, pasa por ser de lo mejor que se ha podido disfrutar en una producción de la factoría Disney, entonces y ahora.

Aladdín demuestra que una buena idea se puede mejorar o evolucionar para que, aquello que nos hizo pasar un rato inolvidable en una sala de cine, lo vuelva a lograr. Y, en realidad, no echamos de menos el producto original. Eso sí, para los que se escandalizaron con la Jasmine original, prepárense… ¡Vienen curvas!

¡Y nunca hubo un genio tan genial!