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DAVID CRONENBERG, SALVE LA NUEVA CARNE,
por Er Gore (1/6) |
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David
Cronenberg es el profeta de la "nueva carne".
Su obsesión absoluta es la mutación,
la conversión, la mezcla física entre
el hombre y lo que le rodea. Es curioso e interesante
observar el trabajo de un director reconocido en
el abrupto mundo de los bajos presupuestos, de las
obras de culto y del cine del terror, grotesco y
gore de los últimos 25 años.
David Cronenberg es el onomástico
con que se reconoce a este engendro de la carne
humana y maquilador de terror orgánico. Un
cineasta que sorprende al mundo con cada cinta terminada,
un creador que al igual que Atom Egoyan y
Denys Arcand representan a su natal Canadá.
Cronenberg es sin duda el más arriesgado
de los tres, el que transpasa una y otra vez las
barreras de lo sano y el buen gusto, desplazándose
por los caminos de lo escatológico, desesperante
y perturbador que el hombre mismo puede ser, cuando
experimenta cambios poco comunes e incontrolables
en su organismo.
Nacido el 15 de marzo de 1943 en Toronto (Canadá),
cerca de la frontera con Estados Unidos y de Nueva
York, lo que más adelante le permite convivir
entre las dos ciudades. Su padre tenía una
librería y más tarde editó
una revista, su madre era pianista: libros y música
marcarán su infancia y adolescencia. Da clases
de guitarra durante diez años y se aficiona
a las novelas de William S. Burroughs y Vladimir
Nabokov. Acude durante años a un colegio
judío, aunque sus padres mantienen una postura
laica. Esto crea en él una gran sensación
de aislamiento, de ser un outsider como más
tarde serán sus personajes.
El otro aspecto será la extraña enfermedad
degenerativa que contrae su padre y que Cronenberg
observa impotente. Este aspecto es claramente identificable
con su posterior cine y en cómo casi todos
sus personajes sufren un proceso de autodestrucción
tanto física (La
mosca, 1986) como mental (M
Butterfly, 1993).
En 1963 entra en la universidad, su espíritu
de búsqueda lo lleva a matricularse en ciencias,
pero el tratamiento de las materias demasiado académico
le hace perder el interés. Un año
más tarde se matricula en literatura inglesa
donde sí puede desarrollar su talento artístico,
graduándose en 1967.
Es a fines de los 60 cuando nace su interés
por el cine a través de un compañero
de carrera, David Secter, que con un bajo
presupuesto crea un film social de gran éxito.
Cronenberg descubre así un nuevo medio
de expresión para sus inquietudes, el cine,
logrando así dar sus primeros pasos con dos
cortometrajes en 16mm. Según el propio director,
sus dos primeros cortometrajes Transfer
(1966) y From the Drain
(1967) responden más a valores académicos
que de interés artístico.
Este hecho y su difícil acceso hacen que
no me detenga especialmente en ellos. Tan solo para
citar su temática por su relativa coherencia
dentro de su posterior obra. El primero, Transfer,
en el que ejerce de director, guionista, cámara
y productor, narra la conversación entre
un paciente (Mort Ritts) y su psiquiatra
y en como el primero le confiesa su completa dependencia.
El segundo, en el que vuelve a ejercer todos los
cargos posibles, narra la historia de dos veteranos
de una futura guerra vestidos dentro de una bañera
y cómo una planta mutante entra por el desagüe
y estrangula a uno de ellos teniendo al otro como
cómplice. Ya aparece claramente la temática
fantástica como medio en que navegarán
los personajes cronenbergianos. |
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Cronenberg, según el fotógrafo
Paul Tozer (1996).

Cronenberg posa con uno de los protagonistas de
La mosca (1986).
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